Cómo ser un padre realmente efectivo
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Stephen Covey comenta en su libro "Los siete hábitos de la gente altamente efectiva": "El modo cómo vemos las cosas, es fuente de lo que hacemos. Todos pensamos que vemos las cosas como son, pero no es así. Vemos el mundo no como es sino como somos nosotros". Estas palabras aclaran el valor de los paradigmas, esas maneras personales de encarar e interpretar la realidad que utilizamos como marco de referencia para actuar. Uno de los más difundidos últimamente es el de una pedagogía familiar permisiva y negligente que utiliza como slogan: "He de ser amigo de mis hijos para que confíen en mí". ¿Cuál será el paradigma de un padre altamente efectivo, aquel que se relaciona con sus hijos con un estilo educativo eficaz, a la vez autoritativo y recíproco? Podríamos enunciarlo así: "Si logro una relación asimétrica y jerárquica con mis hijos obtendré su confianza: ambas cosas no están reñidas". En librerías y locales de libros usados, en charlas y conferencias o en tertulias de café, abundan títulos y conversaciones del tenor "Cómo educar a un hijo y no morir en el intento", "Socorro, tengo un hijo adolescente" y un largo etcétera. Si el día del padre alguien recibe un regalo similar, es aconsejable que lo tamice a través de un paradigma certero. Hablando del tema con el pediatra Fernando Burgos, nos comenta: "Los chicos precisan padres referentes que han cosechado experiencias y las han madurado. No existen fórmulas mágicas: hay que intentar que los chicos aprendan a autogobernarse y sepan elegir. Cuando aparecen las dificultades, encontrar vías de solución o al menos, como decimos los médicos, acompañarlos. Si nos equivocamos, que nos vean aceptar el fracaso y rectificar". La Mag. en Psicología, Andrea Saporiti sugiere situarse en los zapatos de los padres y pregunta: "¿Qué miran los chicos cuando nos ven? ¿No será que porque ven lo que ven, acaban diciendo `mejor me quedo donde estoy? No solo el hijo a medida que crece pasa por cambios y crisis internas. También los padres atravesamos etapas complicadas. En la mitad de la vida nos planteamos igual que los chicos: ¿Qué quiero? ¿Adónde voy? ¿Cómo me paro frente a la vida?
Lo que queda claro en boca de los expertos es que un padre no puede enfrentar la relación con su hijo con un paradigma que pretenda ser su par. El hijo ya tiene amigos de su edad: lo que precisa es un padre adulto que camina delante de él a una distancia prudencial, a la manera de un auto que si se pega demasiado al de adelante lo choca, y si se aleja mucho, lo pierde de vista. Los hijos precisan que sus padres recuperen el paradigma de una distancia atinada y que sepan regularla en cada etapa de la vida.
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