La calidad de vida en la tercera edad
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Del tema de la ancianidad se ocuparon hace siglos Platón en La República y Cicerón en De Senectude. Ambos reflexionan en sus obras del decurso de la vida. Sus consideraciones no han perdido actualidad: pueden aplicarse hoy tanto a quienes son abuelos generacionalmente hablando -porque han engendrado hijos y éstos les han dado nietos- como a las personas que, por su edad, pudieran serlo aunque por esas cosas de la vida no los tengan de su sangre. En ambos casos, según Romano Guardini, al alcanzar cierta edad se puede decir de una persona que es "sabia". No tiene por qué tener estudios o títulos: la experiencia adquirida en comprometidas situaciones laborales, políticas o personales merece el reconocimiento de todos. Sus vivencias amorosas, felices o amargas, son parte de esa sabiduría. También puede darse el caso de alguna persona de edad avanzada que al no haber alcanzado la verdadera sabiduría del corazón, le cuesta vislumbrar el futuro que le resta con dignidad y esperanza.
Próximo el Día del Abuelo, hijos y nietos ponderemos la frase que la escritora María Vallejo-Nágera pone en boca de una de sus protagonistas: "Los últimos años de una vida pueden ser duros, cuando lo peor de esa etapa no son los achaques o la falta de cuidados adecuados sino la soledad que acompaña a muchos adultos mayores noche y día". Muchas y muchos sabios de hoy no están en su casa o en la de sus hijos. Son atendidos en residencias para adultos mayores o asilos públicos por lo que, es deber del Estado remover los obstáculos que conducen a una soledad que enfría sus corazones. Dejemos que la gerontología estudie los aspectos psicológicos, sociales, económicos y demográficos. La calidad de vida de las personas mayores, su integración y participación activa en todos los ámbitos es uno de los indicadores más fiables del desarrollo de una sociedad.
Es desde la familia que se puede ejercer la mejor geriatría: aquella que hijos y nietos practicamos con nuestros mayores cuando los acompañamos no sólo en días señalados, ni necesariamente estando todo el tiempo a su lado si pueden valerse por sí mismos. Es terapéutica para la soledad, la compañía que podemos prodigar brindándoles cuidados y atención aun desde lejos para que, en la edad de ser abuelos, puedan atisbar los años que les quedan con dignidad y esperanza aunque en sus vidas haya habido errores junto a los aciertos.
Bello es el principio de la vida y bello es su término cuando hijos y nietos procuramos a nuestros mayores un acompañamiento adecuado y cálido que temple la frialdad del ambiente.
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